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H-D Iron Horse ‘77 café racer

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Ironía del destino


A Raúl le gustan las motos, pero viejas y que corran, es su sino. Entre él y su hermano prepararon esta café racer con base motor Iron Head de Harley-Davidson. Un cacharro que anda, que tumba, que va deprisa. Años y velocidad es un binomio perfecto para  una buena ‘caferera’.

Hace algunos años apareció un anuncio de un Iron del 77 bastante torturado por el paso de los años y las sucesivas customizaciones de sus anteriores dueños.
Deseosos -mi hermano y yo- de probar por primera vez el famoso mundo Harley nos decidimos a comprarlo pese a la matrícula americana y las dificultades administrativas de aquellos años para matricular semejante hierro de forma legal en España.
Una vez solventado el problema administrativo -no sin la consecuente pelea con los funcionarios de turno y mil cosas que es mejor no comentar- nos decidimos por probar en esto del mundo custom y puestos manos a la obra se desmontó cada pieza de la moto, y empezó la búsqueda de recambios y las visitas a los especialistas de Madrid, gracias a lo cual surgieron para el futuro buenas amistades y un sinfín de proyectos relacionados con el mundo Harley.Volviendo a recobrar vida el Iron en unas semanas como una custom de asiento bajo, larga entre ejes, suspensiones cortas y de un llamativo color ‘rojo bombero’ con sus respectivos cromados,  pulidos y demás
Una Harley que no pasaba desapercibida en los semáforos, que hacía volver las cabezas a su paso para mirarla y oírla, ni a las cámaras de fotos pero a la que le faltaba algo... o mejor dicho le sobraba. Le sobraban muchos kilos. Le sobraban cromados. Le sobraba distancia entre ejes. Le sobraba el terrorífico freno (por llamarlo de alguna forma) delantero. Le sobraban las suspensiones cortas. Le sobraba el enorme manillar. Le sobraba rozar en cada uno de los badenes que existen...
Una moto bonita, pero que no encajaba con nuestra personalidad. Así que nuevamente volvió al garaje, y surgió una pregunta. ¿Porque las Harley han de ser custom?
Esta vez tenía que salir algo distinto, que funcionase a nuestro gusto, con frenos que la detengan donde se quiere y no cien metros más adelante; suspensiones que absorban los baches, un peso acorde con la moto y sobre todo una estética que jamás pasara de moda y más relacionada con todo lo que sale de nuestro taller.
Había que hacer una genuina cafe racer. Tras desmontar la moto entera nos decidimos por conservar -en este caso- el chasis original, claro está, con algunas modificaciones, sobre todo la geometría. Tenía que ser una moto manejable, capaz de circular por ciudad o por carreteras reviradas, sin tener que pelearse con ella. El motor también necesitaba cambios, así que se volvió a desmontar, pintando esta vez los cárteres centrales y el grupo térmico en negro y conservando tapas de balancines. 
Primaria y distribución, en aluminio pulido. Se aligeró la maza de embrague, se subió compresión, rectificaron cilindros, retocaron culatas y algunas cosillas más en su interior. Aunque el objetivo final era mantener un motor lo mas original posible, sobre todo en su aspecto exterior, y sobre todo acabar con la mala fama de que los Ironhead se gripan. Ante todo debía de ser suave en su funcionamiento y  ser muy fiable (algo que tras varias competiciones de resistencia con su hermana gemela de carreras -sin roturas ni percances- hemos acabado de enterrar en el saco de historias para no dormir).
Conseguimos un más que honroso sexto puesto en su categoría en la resistencia de seis horas por delante de las teóricamente superiores Guzzi, Laverda, Kawasaki, Suzuki...
Una vez ensamblado el motor, empezó la hora de buscar el resto de componentes. Se decidió por unos frenos Brembo delanteros, amortiguadores traseros Koni regulables, basculante de un modelo posterior al que también se le realizaron modificaciones, encendido Accel, horquilla de 42 milímetros que se vació y se le adaptaron interiores de WP (White Power) procedentes de una horquilla invertida; se montó un radiador de aceite para refrigerar el excesivamente caliente motor Iron y así, un sinfín de piezas más, pero también se conservaron piezas originales como el bote de aceite, el cual se pulió y barnizó para dar el aspecto de acero inoxidable; se conservaron los relojes originales de la moto, al igual que los intermitentes Yankee, el sistema de carga y algunas piezas más y por supuesto, se fabricaron muchas piezas a medida como los escapes, tirantes traseros para la suspensión, estribos, sistemas de palancas y reenvíos, semimanillares; se modificaron las tijas, se fabricó un subchasis que acogería la carrocería, pilotos y parte del sistema eléctrico, se sustituyeron las llantas por unas ligeras Akront de aluminio de 18” aprovechando para poner el doble freno delantero y eliminar también el pesadísimo tambor trasero. Y finalmente se eligió una nueva carrocería en fibra muy ligera y resistente, optando por un colín de XR750, y un precioso deposito con visor lateral para el nivel de gasolina y acorde con la línea buscada para la moto, al igual que la aleta delantera que fabricamos específica para la moto tras no encontrar ninguna  que encajase con el nuevo aspecto que queríamos darle a la moto; y así y con muchas horas de trabajo y mucho cariño se consiguió dar una nueva y mejorada vida a este viejo Iron del 77, el cual no pasa desapercibido vaya donde vaya y y siempre consigue que todo el mundo se haga la misma pregunta: ¿pero las Harley-Davidson no son custom?
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