Cosas que hacer en Denver cuando estás (medio) muerto
Han sido muchos kilómetros (3.700), bueno millas (2.300) y pesan. Los llevamos con mucha dignidad. Además las motos con las que rodamos (Electra y Road Glide) son muy confortables. Hoy toca devolverlas, lástima. Pero la última etapa ha sido deliciosa, como la sonrisa del que se despide a pesar de la pena interior.

Winter Park iluminado por la luz mañanera es colorido, embutido entre montañas, de allí sale una carretera (como casi todas en la
Rocosas) que se entretiene en los riscos en giros ascendentes, con el sol brillando sobre el pulido asfalto. Se nota que nieva mucho en invierno por las cicatrices de las cadenas de los cuatro ruedas.
Georgetown nos lo encontramos tras otra bajada de vértigo y un poco de autopista. Es una conservada localidad fundada en 1864 por los hermanos
George y
David Griffith.

El primero se llevó el premio del nombre. En sus tiempos de la
Fiebre del Oro la ciudad era un lugar de disfrute de los mineros. Cerca se descubrió plata y su auge creció. Se construyó el ferrocarril, y en 1880 alcanzó su plenitud con 10.000 habitantes. Hoy es un lugar turístico medio muerto.

Y siguiendo con los difuntos, vamos a ver la tumba de
Búfalo Bill, acercándonos a
Denver. Está en un meseta en la que se ve la capital del Estado desde una buena altura. El cenotafio domina la zona donde
Colorado se divide de forma natural en la llanura y la montaña. Ahora mismo veo la cama gigante y desecha del motel y me parece una buena explicación:
Denver está en la mitad de la sábana bajera y las montañas son la sábana superior y la colcha, arrugadas formando mis
Rocosas particulares.

Desde la cima puedo ver la fábrica que ha alimentado e hidratado mi constitución:
Coors Brewing Company. La quinta mayor factoría cervecera del Mundo.


El grupo se divide: los componentes de la expedición quieren ir a la tienda de
Harley-Davidson local. A mi no se me ha perdido nada allí, así que bajo sólo por un tramo de super curvas que me lleva hasta la planicie, es mi despedida de la diversión, ya no habrá más de esto (de momento). Bajo
enchufadillo, respetando los muchos ciclistas que entrenan por la zona.

Un coche muy lento hace que reduzca y frene mi ritmo, ya lo adelantaré… Pero un espasmo que me provocó una carcajada me mantuvo a su espalda. En la matrícula pone
CALMA, jajaja.


En un pispas es historia. Suena
Led Zeppelin en la magnífica emisora local. Tema: ‘
Rock and Roll’, uno de mis favoritos. Cuando termina ya estoy en la confusa autopista, buscando un lavadero de vehículos. En el que paro, hay una
Buell Lightning amarilla. Qué raro. El operario del lugar frota con cariño y un trapo seco un casco integral amarillo también. ¡Tate! “¿
Es tuya la Buell, man?” le digo en inglés. Me lo confirma y ya empezamos con el español, que es mejicano: “Me llamo Bo Griego” dice. Además añade que tiene una
Low Rider. “
Igual que yo” -le digo-. Ya no paramos de hablar, pero me esperaban y me piré precipitadamente.

Poco antes de cenar visitamos el centro de
Denver. Hacemos un homenaje a los organizadores –
Víctor y
Álvaro- según idea de
Quique, que está en todo. Así que nos vamos al
Denver Chop House & Brewery,
Casa de Comidas y Fábrica de Cerveza. Si el nombre es excelente, la comida, trato, decoración… son excelsos.
Y allí me enamoré. Su nombre:
Delmonico Steak. Tuvimos una relación apasionada, duradera, tierna, jugosa, pero como con todas, pinché en hueso y todo acabó. Regamos la cena con
gintonic de aperitivo, cerveza local y vino de
New Zeland. Evidentemente la moto se quedó en motel, donde seguimos tomando copas para celebrar una despedida apropiada a un viaje tan bien preparado, con tanta miga y salsa. Alternando desierto y fronda, montañas y ríos, diversión y satisfacción.
En un instante saldremos a devolver las motos al concesionario de Eagle Rider. Me separaré de la que ha sido mi método de percibir la vida en estos 12 días. Por su pantalla –a parte de cientos de bichos- han pasado siete estados, decenas de granjas, ranchos, pueblos, montañas, ríos, desiertos, fauna salvaje, foresta, bares, damas, vaqueros. Lo hemos compartido junto con los motoristas barceloneses del HOG, Quique y Lali –desde su Mustang- y los chicos de Aventurismo. Los recuerdos son para siempre.
(pincha en cualquier foto para ampliar y para ver la galería completa)
La senda de los tramperos al completo
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Comentarios
Bueno, por lo menos ya no soy el único que te lo dice, edita papel Man, que ya somos muchos los embriagados de tu inagotable rezumar de sinonimos y metaforas con las que nos sumerges en tus vivencias.
Un saludo y muchas gracias
Salud
A ver si nos vemos y me lo cuentas en persona.
Un abrazote
Buen vuelo de regreso y ya está bien de vaguear, a currar un poquito, hombre... diiigo man... ;)