Utah madre
Hoy devoramos casi 600 kilómetros, alguna hamburguesa y muchos mosquitos. Desde Jackson continuamos con rumbo Sur, que ya enfilamos desde Yellowstone. Rodamos por la 89 con localidades de ensoñadores nombre como Alpine –a la que llegamos de la mano del río Snake (serpiente) que repta junto al asfalto-, Etna –como el volcán italiano-, Freedom (Libertad, eso que siento con un puño negro de goma en la derecha)…

En Afton tomamos un extraño brebaje que aquí llaman Black Cofee (café). El pueblo ostenta en cornudo record de un arco construido con astas de alce. Mide 23 metros, lo componen 3.000 unidades y pesa 15 toneladas. Lagarto, lagarto.


La carretera atraviesa el
Star Valley (
Valle de las Estrellas) y toma el relevo el
Greys River,
Río Grises. Por un instante entramos en
Idaho, el estado patatero por excelencia.
Montpelier es la única ciudad que vemos (de refilón).
Buch Cassidy, la conoció mejor, sobre todo el banco.


Regresamos a
Wyoming, sin salir del
Bosque Nacional Bridger, 5.000 kilómetros cuadrados de arboleda. La fría mañana parece que empieza a templar y el paisaje verdoso alegra nuestro paso. Un coche de bomberos atravesado nos hace reducir la marcha y incrementar la atención. ¿Qué pasa? Un accidente de tráfico. Nos desvían por un camino polvoriento de acceso a varios ranchos. Saludamos a los vaqueros que se tocan el ala de su sombrero sobre sus monturas. Ésto es el
Oeste. Antes de recuperar la 89 un riego por aspersión cubre nuestro paso, pero un riego muy grande, de 12 metros. Mezcla de polvo y agua, pero seguimos felices.


Al rato vemos dos ciervos reventados, uno en la cuneta y otro en medio de la carretera (se ve le morro detrás del espejo, casi me mato). Poco después un
Camaro con el frontal reventado, creando un charco de líquido refrigerante. Hostia al canto.
En
Diamondville comienza el desierto y el calor. Repostamos a tope en la ciudad del carbón. Abandonamos el rumbo sur, la 89 y la belleza forestal. Por la 30 atravesamos un erial parduzco, la chupa sobra y el casco también.

En una parada en el
Fossil Butte, uno de los mayores exponentes paleontológicos del
Terciario en el mundo, nos hacemos unas fotos en los poco transitados accesos.



Hemos quedado en
Rock Springs, en el concesionario de
Harley-Davidson. La moto averiada está arreglada. Sueño con cerveza y despierto en
Applebee’s. Hamburguesa a la panza y birra al gaznate. Dejamos la árida ciudad por la 191. Es de estiradas curvas, mucha recta, desgastadas colinas y matorral bajo de presencia infinita. Parece tomillo y huele parecido.


Cruzamos
The Border (frontera) de
Utah con el
Green River (
Río Verde) como anfitrión. ¡Como cambia el asunto! Una bajada espectacular y frondosa nos enciende la esperanza de volver a disfrutar del panorama arbóreo. La presa
Flaming Gorge es parada obligatoria. Su embalse se extiende 146 kilómetros y es un área de recreo fabulosa para deportes acuáticos. La 191 parece otra cosa, de
Utah madre. (Mira la cierva de la foto)




Termina la jornada, tras casi 600 kilómetros, en
Vernal (literalmente, relativo a la primavera). Una coqueta ciudad desde donde aporreo el negro teclado del
Mac. Un baño piscinero en hotel me ha quitado ‘la calor’ y un gin tonic, la sed. Dormir me quita el sueño.
(pincha en cualquier foto para ampliar y para ver la galería completa)
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Comentarios
No es mañ sitio la Road Glide, me lleva a todos lados.
Un saludo, man
Un saludo