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#5 Cody-Yellowstone

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Obsesión por el plantígrado

Cody aún nos tiene preparada una sorpresa, The Old Trail Town, donde William F. Cody, Buffalo Bill fundó el primer asentamiento. En realidad es una recreación de la vieja ciudad. Preserva el estilo de vida a través de sus estructuras originales y mobiliario. En la peli de Robert RedfordJeremiah Johnson’ (1972) aparece representada. Para ir hasta Yellowstone hay dos caminos, el recto (2 horas) o el largo y lleno de curvas. Decidimos rodar por el segundo e internarnos en Montana.



Está claro que a Montana le falta el rabo de la eñe. Siguiendo el curso del que será nuestro compañero de viaje hoy –el río Yellowstone- aparecemos en Red Lodge, el primer pueblo de Montana. Un café mañanero nos espabila, hace fresquillo, rodamos con la chupas. Y de pronto se alza el telón y entramos un valle de belleza destacada, una i griega, donde el palo es la carretera y los ángulos montañas verdes y plateadas.

 




Al fondo más montañas en un azul voluptuoso. Pero un giro a izquierda en subida nos anuncia el ascenso y otro punto de vista de tan excelso lugar. La preciosidad del paisaje lateral esta siendo escalada por las ruedas de nuestras motos, propulsadas por los V twin de forma perezosa, no es momento de correr, sino de disfrutar de tanta magnitud.



O conduces o ves el paisaje. Se requiere concentración, las curvas son exigentes. No puedo hacer fotos en marcha, que me mato y quiero ver el Parque de Yellowstone. En los enlaces entre curva y curva observo lo recorrido y aquel telón azul. ¡Qué bello es rodar! Se llama Bear Trail, el Sendero del Oso.



Una extraña y lejana sensación me alcanza ¡me estoy congelando! Frío de pelotas. Primero los dedos, las orejas, las piernas… “¡Aguanta, man!” me digo. La belleza no calienta. Poco después hacemos cumbre, hemos subido 2.000 metros. Estamos a 3.000 de altura en Beartooth Pass (Paso del Colmillo de Oso), rodeados de nieve congelada y lagos alimentados del deshielo de agosto. El puerto sólo está abierto de mayo a octubre. Saco la chupa militar, los guantes de invierno, me pongo el casco con las orejeras y porque no tengo más.



Un cigarrito, que no calienta, y descendemos por fin. Unas obras en nos cortan el paso y el rollo. Teo y Vike se marcan tipo boxeo para calentar, mientras busco los cilindros del Big Twin con los guantes. Los lagos se concatenan, lagos limpios, puros, transparentes, pero la belleza no calienta. Los minutos largos de espera terminan cuando el operario quita el Stop.



Y según bajamos nos alejamos de los 2 grados bajo cero de la cumbre. La carretera está fina, arreglada, son curvas largas, enlazadas. El paisaje ni lo vi, Vike tiraba a muerte con su Electra y la Road Glide pedía seguirle. Un tipo con una GS 1200 se nos pone a cola e intenta seguirnos. Ja, ja. Debió flipar al ver a dos tarados volar bajo por el asfalto, rodeados de abetos, rocas y lagunas. Fueron unos 20 minutos de descenso inolvidables.




Creo que hemos sido buenos durante toda la vida, pues al llegar al Cooke City (tras entrar y salir de Wyoming) entramos en un bar a tomar algo donde tienen 130 tipos diferentes de cerveza. ¡Dios existe!
Ingerimos el plato típico del lugar: hamburguesa de búfalo y cerveza de Montana: ‘El salmón bailarín’. Mola. Repostamos junto a varias Harleys y una Victory Tour, modelo que nunca había visto. Su dueño –Doug-, nos dice que es de Canadá y que viene de Vancouver.



Poco después estamos entrando por la Norteast Entrace, Entrada Noreste, del Parque Nacional de Yellowstone. ¡Por fin! Aunque no ha estado nada mal el enlace. Debo apagar el rock’n’roll de la Harley. Está prohibido que suenen las radios de las motos.



Saco el pase de los Parques Nacionales adquirido en Devils Tower (100 $ del ala) y como un señor. Me vale para todo un año. Y entramos en el Parque Nacional por excelencia, la casa de Yogui y Bubu.
Un atasco de coches nos para ¿Qué pasa? Son búfalos, una manada enorme que pasta a su bola cerca del tramo asfaltado. En una gran pradera verde, con una cenefa de abetos al fondo y montañas interminables en la lontananza.



Aparte de la plaga de coches nos cruzamos con muchísimos motoristas (la mayoría de Harley) y más búfalos. Uno de ellos se revuelca por el suelo, otro de ellos también: un motorista se cae en una recta misteriosamente y un rumiante se refresca bajo un pinar.
Rodar por Yellowstone en un privilegio a pesar del mucho tráfico que hay. Se va despacio, así que no son tan importantes los embotellamientos. Una Gold Wind se ha estampado contra un talud en una curva lenta en U. Paramos los integrantes del grupo en un área cercana y levantamos el cacharro nipón y su remolque. El tío era sólo sonrisa, solidaridad motorista.





Una imagen desoladora de árboles pelados, secos, grises, tristes acompañan nuestro rodar. Son las víctimas del último incendio, hace menos de una década. El relevo son los abetos de dos metros que ya afloran a sus pies.
La inmediatez del Yellowstone Lake (El gran lago) se comprueba por el ensanchamiento de los meandros del río homónimo. Queda poco para llegar al Lake Village. Allí tenemos reservadas una cabañas de madera para pernoctar.



Antes nos cruzamos con más grupos de motos, búfalos, ciervos. Voy con las Kd’s amarillas (gafas de motorista). Una visión perfecta para Yellowstone (Piedra Amarilla).







El hotel y las cabañas están al borde del lago. Todo es perfecto excepto una cosa: no hay ni cobertura, ni tele, ni Internet. Hoy no hay crónica publicada, pero ¡qué paz!

(pincha en cualquier foto para ampliar y para ver la galería completa)

La senda de los tramperos al completo

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