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#4 Sheridan-Cody

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Retorciendo el Cuerno Grande

Sheridan ya no da para más. Así que nos dirigimos a las montañas de Big Horn, Cuerno Grande. Tres carreteras lo recorren, y son tan pintorescas que están reconocidas por el departamento de Caminos Panorámicos del Servicio Forestal de EE.UU.



Antes de llegar atravesamos unos pequeños pueblos de agradable aspecto y de tedioso ritmo social. Destacamos entre ellos a uno llamado Acme. Sí, ese donde el Coyote compra todos los explosivos y otros útiles para atrapar al Correcaminos. Otro se llama Dayton, como el famoso lugar de la Bike Week, pero sin a.



 


El ascenso a Big Horn es realmente espectacular, curvas sin esfuerzo nos elevan. El sol acompaña y a las 9h00 ya se nota su presencia. La extraña carretera de firme rojo enfila hacia los bosques oscuros del Parque Natural. De frente veo a los compañeros que abren el trayecto. El día es claro y la vista alcanza lejos. A la derecha o izquierda, según la curva, contemplamos embelesados Sheridan y alrededores. Parece una maqueta del Ibertrén. Nos avisan con unos carteles amarillos que hay 20 millas de obras. Ufff, ¡qué pesadez! Pero, como es domingo, no hay operarios. Simplemente hay un asfalto nuevo y negro. Vuelve ese olor familiar y acogedor. El firme es una moqueta y los conos intentan estropear el paisaje.



En un abrir y cerrar de puño el fosforito desaparece de la retina irritada. Un serpenteo continuo de nuestras máquinas atraviesa montes llenos de abetos, de arroyos, de peñascos, de gloria.
Me adelanto para retratar a los compañeros de frente. Es una tarea que requiere reflejos: los del retrovisor. Mientras trazo rápido vigilo con los espejos el paisaje que atravieso, buscando un buen encuadre para que los que me siguen salgan guapos. No puede ser muy pronto, no me da tiempo a disparar. Ni muy tarde, puede haber un desvío.



Les cazo y poco después, donde se bifurca la 14, elegimos la variante A, la de Lovell. En un cartel nos indica que la elegida tiene en el tramo de bajada un 10% de pendiente. Tela. Con la escusa de hacer más fotos de frente al grupo me tiro a tumba abierta con la magnífica Road Glide. Una danza hombre/máquina me deleita como nunca, buen asfalto, curvitas de lujo y paisaje excelso.



Un grupo de Harleys con remolques, trikes y más farándula se cruza en la ruta. Llevan la casa a cuestas. En la el cima del puerto -3.000 metros- nos ponemos las chupas, hace frío y se agradece. Llegamos a la zona de Medicine Wheel, Rueda Medicinal. Unas construcciones arqueológicas de piedras alineadas de forma radial realizadas por los indios nativos. Una arquitectura sagrada.





Y llega la gran bajada, hay que ir atento, requiere precisión en la conducción. Es salvaje el desnivel. Al fondo se contemplan kilómetros de terreno que se difuminan en tonos pastel rojos y morados. Los postes que se alinean en los arcenes delatan las nevadas que caen en invierno. Y los destrozos del firme son causa del hielo hibernal.



Y poco después ¡un desierto! Nos recuerda Las Bárdenas Reales. Pero un río embalsado alivia la aridez. Y vuelve a cambiar el paisaje con cultivos de regadío, granjas concatenadas, vida.



En Lovell descansamos en el bar Four Corners, Cuatro Esquinas. Cervezas, billar, juke box. Un plan perfecto. Pero no hay pausas largas, seguimos con cultivos, ganado y explotaciones petroleras. Poco después, otro tramo de aridez absoluta. Y de vuelta a los cultivos extensos. ¡Qué variedad en Wyoming!





Por fin nos encontramos con Cody. Es la capital mundial del rodeo. En Cassies nos apretamos un steak, chupetón de los que quitan el hipo (y el hambre). Es una cabaña de madera de 1.000 m2 enfocada para cowboys. Bichos disecados, colección de gorras, troncos, cerveza, whiskey y country.

A la salida llueve y los planes de rodar se chafan, pero ya llevamos un día de rodar bueno. Unos se van al museo, otros a descansar…



 

Opto por rodar por Cody, retratarlo y luego hacer la colada, mientras descargo las fotos y enfoco este texto. Cae agua a modo mientras mis vaqueros, camisetas y gayumbos giran.



Decido ir a correr (‘futin’) un rato por Colter’s Hell Trail, Sendero del Infierno de Colter. Los americanos destacan cualquier lugar o hecho, casi no tienen historia. Ésta es una zona de fumarolas y aguas termales en el río Shoshone. La descubrió John Colter, un trampero allá en 1807.





A eso de la siete nos vamos al Rodeo. Unas instalaciones medianas alojan el espectáculo mayor del mundo del rodeo. No fue para tanto. Así que consideramos seriamente lo del gin tonic del motel, que estoy apurando, al igual que esta crónica.



(pincha en cualquier foto para ampliar y para ver la galería completa)

La senda de los tramperos al completo

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