Por Nebraska con toda la basca
El tostón del viaje en avión hasta Denver se vio recompensado por las cervezas que me tomé en la barra de la taberna del hotel con el camarero ‘El Pelos’ y su colega y cliente Juan. Dos mejicanos instalados en la capital de Colorado.
Por la mañana recogemos las motos en el concesionario Eagle Rider más cercano. Yo ‘me pido’ una Harley-Davidson Road Glide. A ver qué tal.
La espada de Damocles en forma de nimbos nos amenaza, pero salimos sin el traje de lluvia puesto. Y sin casco. En este Estado no es obligatorio.
Somos sólo cinco motos. Todos parejas excepto este humilde ‘escribidor’. Un grupo muy cómodo de manejar. Enseguida encajamos el zigzag y afrontamos la highway 76 dirección Este. La lluvia empieza a salpicar, pero poca cosa: un chirimiri vaquero. Un giro a derecha nos sitúa la brújula dirección Norte. La carretera pierde un carril por sentido y gana en disfrute. Por el calor existente la lluvia se evapora del asfalto, que es más malo que la sed. Y los pantalones se secan ipso facto. La Road Glide va de lujo y me proteje.

Entramos en Nebraska sin que cambie el paisaje. Las granjas se suceden. Edificios aislados con sus vallas de madera, tejado a dos aguas, granero, tractor, coches que ha disfrutado el dueño en sucesivas épocas, aparcados en las inmediaciones, árboles y molino. Hay que ponerse el casco.
La praderas son enormes, no caben en la palabra ‘panorámica’. Infinitas. Suaves lomas dulcifican la impertinente planicie. El ganado vacuno salpica las verdes extensiones, pero por mucho que hubiese parecerían cinco chinches en la moqueta de Ifema. Se arremolinan en las cercanía de los molinos, que bombean el agua de los acuíferos. Desde la distancia de la carretera ves las torres metálicas de las aspas y a su sombra las vacas.
Se alternan las explotaciones ganaderas con otras de cereal, forraje para el crudo invierno. Por eso tiene tanta fama la carne de Nebraska.
Poco después desaparece la planicie. Los riscos surgen en el horizonte, montañas calizas se alzan como presumiendo de blancura. Los pinos toman el relevo frondoso a la rala maleza. Surgen de pronto y compiten con el olor de la hierba húmeda, de los girasoles del arcén, de tierra mojada, que huele a botijo lleno.
Pero no es el único sentido que enloquece: la vista con la panorámica, el olfato con el riego improvisado y el oído con lo que surge de los Harman Kardon de la Harley. Las FM de Estados Unidos son una cascada de música apropiada: I heard it through the grapevine, por los Creedence Clearwater Revival y otros éxitos sureños de USA. Y algo de british: The Pretenders con Don't Get Me Wrong; Dire Straits al ritmo de So Far Away. Me sigo deslizando por el asfalto que mejora.
Ha sido un día dual. Con casco y sin casco. Seco y mojado. Colorado y Nebraska. Llanuras y riscos. Vacas y hamburguesas. Cereales y cerveza. Incluso, Harley y Ford Mustang: me he puesto cómodo al llegar (chanclas y bermudas) y me dicen ¿quieres pillar el Mustang? Y he ido a cenar con el ‘trasto’. ¿Cómo se ponen las luces?
Mañana la ruta es hasta Sturgis. Pasaremos antes por varios lugares de gran atractivo. En el Monte Rushmore, ‘Con la muerte en los talones’ por ejemplo… Además ya hemos tenido hoy un encuentro con el avión fumigador. Nos esperan Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln en Dakota del Sur.
Gracias a Teo y Ana, Vike y Eli, Pepe y Esther, Ángel y Cesca por su grata compañía en la ruta. Gracias a Lali y Quique por el Mustang. Y gracias a Víctor y Álvaro por la excelente organización. Y a ti, lector, fiel seguidor.
(pincha en cualquier foto para ampliar y para ver la galería completa)
La senda de los tramperos al completo
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Comentarios
Eso es cumplir un sueño!!!
Un abrazo.
aec
-_-
Salut i força al canut!
Disfruta todo lo que puedas, sé que lo harás. Tomate alguna cerveza a mi salud, yo haré lo mismo right now.
Un abrazote hijole