Escocia Gu Bräth*
Llenamos el tanque pero nuestro tiempo en Escocia se agota, y gotas son las que nos despiden; lágrimas y lluvia. Pero aún queda día por delante y la esperanza de que ocurran cosas se mantiene viva.
Nuestros anfitriones –Dave y Jonesy- deciden acompañarnos y guiarnos en nuestro camino hasta Newcastle. Y como no puede ser de otra manera, enredamos por carreteras secundarias. La primera visita fue al Devil’s Beef Tub, un cerrado valle donde los antiguos escoceses robaban el ganado a los ingleses a ‘cambio’ de sus impuestos...
En Tweedsmuir giramos por una comarcal que trepa hasta la presa de Talla y poco después paramos en pleno pantano para una BBQ. El embalse de Megget suministra el agua a Edimburgo, que está a 45 kilómetros. Unos 100 millones de litros al día. Unos 300 millones de tazas de té, según pone en el cartel informativo.
Allí estaban reunidos los componentes de Club Ducati del Reino Unido, sección de clásicas (junto a tres MV Agusta). La barbacoa ya estaba en marcha gracias a Clint y Polly, los hijos de Dave, a pesar de que llovía pesadamente. Nos apretamos unas hamburguesas con plátano, cosas de Zimbabue. La lluvia nos dejó tranquilos en el café y los chicos de las motos italianas se fueron, despidiéndose en su lento alejamiento.
Ya conocíamos la carretera, pero en la otra dirección. En Cappercleuch retomamos la A708 para acercarnos a Selkirk, serpenteando junto al río. En Hawick, Dave, que iba primero, se pone creativo y nos mete por deliciosas carreteras encharcadas y embutidas en bosques sorprendentes.
Tras Saugtree dejamos Escocia casi sin planteárnoslo. Poco después, en el pantano de Kielder, tomamos otro café. Nos hemos cruzado con cantidad de motos, es domingo y la gente sale; además el tiempo ya es muy bueno.
La premura por devolver la Harley en Eaglerider me crea ansiedad, pero hasta las 17h00 tenemos tiempo. Motos y más motos siguen cruzándose, comparten nuestro gusto por las carreteras inglesas, reviradas, con saltos, rasantes, buen asfalto.
Sin tocar autovías, el bueno de Dave nos guía hasta Newcastle. La costa Este está despejada, azul, soleada; verde intenso y bañistas son los nuevos compañeros de ruta.
Paramos en el Hotel Avalon para dejar el equipaje y entregar la Road King en el concesionario de EagleRider.
Estamos a 10 minutos y llegamos a tiempo... Pero no. Los domingos abren, pero solo hasta las 16h00. ¡Qué decepción! Decidimos dejar la moto en el Hotel Avalon, junto con las llaves y la documentación. “No problem” nos dicen, son encantadores.
Por la mañana nos despedimos, con mucha pena, de Dave y Jonesy y del staff del hotel.
La memoria de la cámara está llena, la mochila de ropa sucia y nuestra vida de experiencias buenas, de nuevos amigos y lugares que nunca olvidaremos, Scotland on my mind.
*Escocia para siempre.
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