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República Dominicana en Harley 6

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Blade Runner, mi amol…

He visto cosas que vosotros no creeríais... atacar curvas en charcos más allá de Hato Mayor. He visto motoconchos brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Dominican Riders. Todos esos momentos (no) se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de partir.

Una tormenta tropical precedió el amanecer en Paraíso Caño Hondo. De día pudimos contemplar este conjunto hostelero sin comparación en todo lo visitado en la República Dominicana. El enclave natural es por sí mismo un rincón privilegiado de este planeta, y el eco hotel ha creado una simbiosis entre la naturaleza y la mano del hombre. El agua mana de fuentes sobre prodigiosas formas de fantasía, mejorando con su murmullo el relax reinante.


Y es que hoy es un día peculiar. Embarcamos para visitar los entresijos de la Bahía de San Lorenzo, que a su vez está en la Bahía de Samaná.
Sobre un bote de diez metros subimos los harlistas cargados de cámaras y expectativas. 

 

 

 

Desde una maraña de manglares encontramos una vía fluvial retorcida en la que la fauna autóctona abunda. Que si una garza blanca, que si unos cangrejos, todos víctimas de nuestros pixeles. Es un santuario de aves endémicas donde también viven ostras, carpas, langostinos de río e incluso el manatí. Los Haitises es el mayor bosque de manglares del Continente Americano. Desde el muelle de Caño Hondo y a bordo de una lancha rápida descubrimos un mundo que nos deja perplejos por sus curiosidades. Una de ellas son las pictografías originales y petroglifos que realizaron los antepasados Taínos (pueblo indígena precolombino del arco antillano). Se encuentra en unas cuevas con acceso directo desde el mar, previsible refugio de piratas y escondite de sus tesoros.


Muy cerca se encuentra la Cueva del Inglés, lugar donde vivió un hijo de la Gran Bretaña durante nueve años junto a Sofía, su amada nativa y donde engendraron tres hijos. Eligieron esa apartada gruta para huir de la incomprensión de su exótico amor. Otra referencia anglosajona son los restos de una vía de tren - Línea del antiguo Ferrocarril Bananero- que se adentra en el mar sobre unas vigas de hierro, ya corrompido, pero aguantando el embate del salitre.

Ahora es reposo de gaviotas y pelícanos. Otra de las excursiones más bellas que existen en República Dominicana es la visita al santuario de las ballenas jorobadas en la Bahía de Samaná. Pié en tierra recorrimos la salvaje espesura de la selva subtropical. Gigantes bambúes, yagrumos de características hojas y mangles que se agarran al lodo con sus raíces de garra tan peculiares. Bajo y sobre éstas habita una microfauna endémica protegida. La propia estructura de los manglares resguarda la costa de tornados y tormentas.


No todo es rodar en moto y los bikers disfrutamos plenamente de la excursión a uno de los lugares más interesantes que personalmente he visitado.


Pero hay que retomar la carretera y hacer unos kilómetros de tristeza. Vamos a devolver las Harleys y el chopper a la base de Dominican Riders en Punta Cana. Primero, uno poco de Chopper Cross, término acuñado en el camino a Jarabacoa que ahora ya forma parte de nosotros. 40 kilómetros de aventura sobre fango resbaladizo, charcos insondables, animales sueltos y un pasillo de fronda siempre presente.

Enseguida nos atrapa la noche, que no es muy conveniente para rodar en moto en general y menos en República Dominicana en particular. Es domingo y los nativos salen de pura juerga, se agolpan en los bares cercanos a la carretera con el volumen a tope, sea bachata o merengue lo que suene. Enjambres de motos de 100 cc en la puerta delatan su presencia, las luces del tráfico rodado deslumbran sobre nuestras gafas llenas de gotas de agua. Hay una atmósfera peculiar, una especie de Los Ángeles de Blade Runner, pero a lo latino. Muy Ridley Scott, pero nadie replica. A pesar de las duras condiciones de marcha, en cada parada estamos bromeando los nueve afortunados, sin importarnos la humedad tibia. Nos resbala.


“¿Son así de aventureras todas las rutas que organizáis?” le pregunto a Antonio de la Calle. “No, nos adaptamos a los diversos perfiles de conducción. Dentro de nuestros productos hay diferentes enfoques. Ruta estándar, la aventurera, otra ‘Premium’ (el Caribe desde el lujo) y una nueva que pronto iniciaremos y en primicia: el Chopper Tour”. No quepo en mí cuando me lo amplía Michel: “vamos a construir media docena de choppers para usarlos como vehículos en la visita a la isla. Eso sí, con guardafangos en la rueda delantera” concluye con la cara llena de barro.

 


Hemos ideado esta ruta tan salvaje para los amigos de ChopperON y así conocer las variantes. Como respondíais bien, os dimos mucha caña” dice el ladino de Antonio.
Y así ha sido. Hemos conocido carreteras hermosas aptas para cualquier nivel de conducción, otras donde hace falta coraje para recorrerlas, hemos rodado en chopper, hemos disfrutado de establecimientos pintorescos a borde de carretera y también instalaciones hoteleras de alto cuño e inmejorable postín.


Los precios oscilan sobre los 2.700 euros (individual). Incluye las estudiadas rutas, las harleys, la gasolina, el alojamiento, las excursiones, desayuno, comida, cena y tentempiés del camino, seguros, mecánico de Harley en ruta y transporte de equipaje. Además, un recibimiento excelente en el aeropuerto en el que te das cuenta que el excelente trato personal prima sobre cualquier otra cosa en lo que ofrecen. Y abierto todo el año. ¿A qué esperas?


Sin dudar, recomiendo soñar a cualquier motorista o biker con conocer este país con Dominican Riders. Los sueños se cumplen, aunque ahora estamos despertando del nuestro. Todos estos momentos (no) se perderán como lágrimas en la lluvia, es hora de partir.

 

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