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León en Harley 2010

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Exquisita, como siempre

En nuestro calendario hay una fecha fija desde hace 10 años. León en Harley es una constante decana. El autor del reportaje, Quique, es un gran fotógrafo y redactor, pero sobre  todo rebosa humanidad por sus anchos poros. Ahí te dejamos su testimonio de una exquisita experiencia. Como siempre.


Un año más, la exhalación relajada de la organización, pone fin a León en H-D. Todos los inscritos, al marchar, repiten lo mismo referido a que se ha superado lo bueno anterior, que no cabe cuenta del número de buenos momentos pasados, y demás frases y comentarios análogos.


Lo cierto es que la mayoría de ellos repiten cada año desde hace más de una década, y del coincidir un tiempo en fin de semana, se pasó a entrelazar amistades que, en buena ley, se  basan en León en H-D. La organización, con Santos a la cabeza, o de cabesón como le denominó una, catalizó este sentir, y así, cada año, ve mejor recompensado su  esfuerzo y  tiempo dedicado en este menester, ayudando lo suyo lo aprendido de errores anteriores y la tolerancia complaciente del resto, pues no es empresa pequeña que todo esté en su sitio en el momento que así tenga que ser.

Para el viernes 18 de junio cena en bodega. Antes, en la Plaza del Cid, estacionamiento de motos para exposición pública y recreo visual para residentes y transeúntes de y por León, pues así figura en el programa de la Fiesta Mayor de la ciudad. Importante porcentaje de Buell, prima hermana de H-D y como tal débito familiar, es acogida en León en H-D. En el León Antiguo, sede oficiosa y por Tomás miembro apócrifo de León en H-D, entrega de la bolsa de inscripción al uso de todos los años, (camiseta de diseño con bordado y serigrafía, cazo con nombre, pin y adhesivo del evento), este 2010 algo más cumplida con aportaciones de la marca nº1 en refrescos de cola; un vino de la tierra dado por un afamado y elegante local, degustación de caldos y espumosos de primeras calidades. La bolsa dicha, más que una pequeña colección de objetos asociados a León en H-D, ha pasado hace ya tiempo a ser todo un signo de identidad, como otros objetos y actos de culto y rito que en el desarrollo de esta crónica se irán mencionando.


Los inscritos superaban por muy alto el centenar o por lo bajo el centenar y medio, que hay rasero para todos los gustos. La mayoría habituales, que indican que saben dónde está lo bueno y cómo han contribuido ellos a ello. Incremento de hembras de raza humana, perdón mujeres, motoristas. La mayoría veteranas, de ediciones anteriores se entiende, alguna nueva. Todas lozanas, exuberantes y elegantes, no sé si porque con los años rebajo el criterio o, por agravio comparativo conmigo mismo, que para ellas no pasan los días y para mi por cada uno de mi vida me hago dos más viejuno.


Importantes ausencias y añoranzas de los habituales, todas justificadas, en especial Nacho y Dani, que cambiaron el tintineo del vil metal que les ofrecieron en los Harley Days 2010, por los afectos de León en H-D 2010, al coincidir ambos eventos en fecha y en 800 km de distancia. El año venidero pediremos que organicen Harley Days en otra fecha que no coincida con León. Otra ausencia entrañable, la de mi Isma, éste por asunto de cuernos: es torero y tenía corrida de toros (absténganse de comentarios poco ocurrentes). También quiero mentar el reencuentro de otro veterano con esta edición: Abuelo Ferni; dice que es su hija,  que le ha salido motorista y tal, y que no conduce, y que tiene que llevarla... Te entendemos, con medio siglo cumplido es duro ser entrañable con los iguales. Los hijos, siempre y en todos los ámbitos, son un auxilio de primera magnitud.


La cena de recibimiento y fraternidad  en la Bodega San Simón es el paradigma de si algo funciona no lo cambies y así ha sido una vez más. Tal es lo dicho y el amparo divino para los creyentes y el buen azar para los que no, hizo que al volver, un benemérito control en el ejercicio de sus funciones pusiera en evidencia las carencias de requisitos administrativos para el legal circular en vehículo a motor de un veterano participe y de su H-D, pues decir vehículo tiene matices peyorativos.
Me explico: titular del vehículo: Permiso de Conducción caducado. Tasa de alcohol en aire superior a la permitida. Vehículo motocicleta H-D: ITV sin pasar. Luz de posición trasera fundida. Sus más allegados sabrán la realidad de cómo salió el susodicho Pedro, a la sazón titular, sin denuncia alguna pues este salir airoso lleva parejo una transigencia casi maternal por parte del Agente de la Autoridad.


Para el sábado ruta y vaca. Participación aproximada de la mitad de inscritos en la excursión, como en ediciones anteriores. La ruta diversa y bonita. Unas curvas suaves en la antigua de Santander para calentar gomas, y de ahí, a circunvalar el mayor cielo abierto de carbón de España. Impresionante, y no con dos palabras como el Jesulín, con tres o cuatro de lo que de verdad era. De ahí a la Tercia, con pincho en el Alto de Aralla. Pincho abundante y agradecido por el frío que calaba en todos salvo en uno, que más que motorista, tenía forma y usos de morsa macho sin colmillos ni bigote, pero con fisonomía humana el tal, abrigaba tan sólo  mangas de camisa y, ya encima o apeado de la moto no parecía sentir las bajas temperaturas. Bajando el puerto por la vertiente oeste, el día se fue vistiendo de sol y así se caldearon ánimos, afloraron sonrisas y camisetas. Cruzamos la comarca más bonita de León: Babia. Sí, el lugar ese donde los maestros de antaño hacían a sus pupilos distraídos y faltos de atención, cuando acompañado de un capón te increpaban con un “Ud. está en Babia o qué”.


Rueda tras rueda rodando a Las Omañas, que poco desmerecen a Babia. Al pie de presa la comida, donde se unieron el resto de inscritos ausentes de la ruta y alguno más. Vaca asada por el incomparable INA, habitual de tres años acá y ya parte del aparato organizador. Exquisita como siempre. El lugar escogido el mejor de hasta ahora. Los del sitio integrados con y para los partícipes, completaron la vaca con unas sidras y otras bebidas, unos aperitivos, guarnición, postres y cafés. Todo para gozo y disfrute del personal. Sobró comida como para montar una ONG de distribución de excedentes alimenticios.
Como en los anales no ha habido parto sin dolor ni hortera sin transistor, no hay sarao social sin su comidilla, y la de aquí ha sido un prestigioso profesional de la abogacía leonesa ejerciendo de pinchecocina, troceando tajadas de ternera con desahogo psicológico. No os alarméis, a la par no juraba ni en alto ni en bajo, solo pedía que no hiciéramos fotos como prueba para su mujer, no fuera que al no poder negar la evidencia gráfica, su enemigo conyugal le hiciera hacer lo mismo en casa. A la postre se desmelenaría aún más haciendo ruidos atronadores con sus escapes.


No todo puede ser una prolongación del paraíso, después de bien comido,  en plena sobremesa cuando el sopor va igualando la felicidad con la realidad, aparece alguien para jorobarlo. En este caso fue el staffmanager con el titulado pero mal denominado Concurso de ruido. Consistente, éste, en incomodar al personal haciendo rugir el escape de las motos, evaluarlo y sin criterio alguno hacer a alguien ganador.
Un concurso es un evento convocado en tiempo y forma, donde una serie de méritos y habilidades físicas o/e intelectuales de los que participan se empeñan a un fin: ganar. No menciono mérito ni habilidad alguna, resumiendo: aquí no las hubo. Además, en un país en el que todo el personal se atreve a opinar sin rubor, qué menos que un jurado popular. En esta tesitura se desarrolló la secuencia ruido-voto-ganador, haciendo bienaventurados a estos (el primer premio para el desmelenado abogado) pues en ellos se reafirmó su propia estima en la decisión de haber elegido una moto con unos escapes que no habían ni mirado, pero que en un futuro sería un valor añadido, al ganar un concurso incordiante que montó un jodesiestas. Lo dejamos aquí, pues al menos como biker show fue notable.


Por la noche cena de media gala en un clásico leonés. Se notaba que la concurrencia había pasado por la cama y por el aseo. Rostros relajados, perfume de mujer, colonias de hombre, cortesías, displicencias. Vamos lo mejor del grupo. De seguido, sin solución de continuidad, entrega de premios, como es habitual a cargo de un showmen con mayúsculas: el reclamado para ello, Andrés; los habrá mejores, pero a éste no se lo pierdan. Como fin de fiesta no hubo cohetes, fue algo mejor, Los Kickers, o The Kickers, buena música y buena interpretación, genuino old style, acompañados por instrumental al efecto. Conectaron e hicieron quedar aún mejor a la organización con su espectáculo.
Bajada de telón el domingo; cada uno a perderse en su lugar del mapa hasta el próximo último fin de semana de primavera o primero del verano 2011, donde todas las rutas de los que se alleguen, volverán a converger en León en H-D 2011.
Gracias a todos, y en mi eterna despedida, vuestro perenne recuerdo: hasta la próxima, hasta nunca o hasta la eternidad.

 

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