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LML STAR 125 4T

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Viva la Pepa

Para los nostálgicos que lloraron el cese de fabricación de la Vespa, la firma India LML nos trae a España una fiel reproducción de nuestra Vespa de toda la vida. Aunque incorpora profundos cambios la esencia se mantiene.


Resulta gratificante comprobar que ciertos vehículos míticos de nuestra historia no desaparecen por completo y vuelven a la vida, aunque sea bajo otra marca diferente. Lahia Machines Limited o LML es una empresa india que comenzó su actividad como empresa textil. Conocida en el mercado americano como Stella, en Oceanía como Belladona y en Europa como Star, la LML no es ni más ni menos que toda una Vespa resucitada.


Este fabricante indio no es nuevo en esto de fabricar motos ya que lleva más de 30 años fabricando la Vespa, primero con licencia italiana, y después cuando esta unión se dio por finalizada en 1994, continuaron fabricando bajo su propia marca. En 2008 se asociaron a unos industriales italianos y aquí comienza la expansión por Europa de este scooter de chapa. En España la empresa encargada de su importación es Cooltra y está ubicada en Barcelona.
En el exterior la LML Star es idéntica a las últimas Vespa PX en su última evolución con freno de disco. La firma india ha conservado todos los moldes de estampación de chapa originales y utillaje por lo que no hay ninguna diferencia estética importante de tamaño o forma entre este modelo y las antiguas Vespa salvo, lógicamente, los logos de la marca. La gama mecánica se compone de tres motorizaciones: un 125 de dos tiempos que cumple la norma Euro 3 y dos motores de cuatro tiempos con cilindradas de 125 y 150 cc.

La verdadera novedad, el motor de 4T, está diseñado en Italia y se fabrica en la India. Estos motores tienen la peculiaridad de procurar mayor robustez al chasis ya que llevan alojados unos tubos de acero cuya finalidad es aumentar la rigidez torsional. Refrigerados por aire forzado y con dos válvulas (anteriormente una rotativa), la posición de estos dos motores de 4T es un poco más adelantada por lo que mejora el reparto de pesos.
Para ponerla en marcha podemos hacerlo mediante un botón o dando una patada al pedal de arranque de toda la vida. El sonido del motor es lo primero que llama la atención, no solo suena poco sino que resulta chocante escuchar una “Vespa” que suene como un scooter convencional. Con menos vibraciones que antes, el nuevo motor conserva muchas similitudes estéticas con los antiguos de dos tiempos, tan solo aumenta de tamaño su capacidad de cárter y el peso total, pero sigue conservando la misma caja de cambios con su selector típico (cangrejo) que asoma por debajo.

Los primeros metros recorridos los utilizo para adaptarme al tacto de los frenos, su capacidad de frenada es muy elevada y si frenáramos como se hacía en las Vespas de antes, las consecuencias serían imprevisibles. La aceleración inicial es muy progresiva pero inferior a las de dos tiempos, sin embargo, una vez lanzados la velocidad que podemos alcanzar es superior.
El cambio de marchas continúa estando en el puño izquierdo y las cuatro marchas disponibles, las mismas que antes, entran con precisión por lo que resulta muy fácil encontrar el punto muerto al parar en los semáforos.

Los intermitentes se activan con un pulsador que gira solidario al puño izquierdo, el de las marchas. Este pulsador no tiene la inclinación ideal para activar con el pulgar  en una posición natural, pero a cambio añade un práctico pitido para que no se nos olvide quitar el intermitente.
La suspensión es muy cómoda y estable cuando la moto va en línea recta, sin embargo, cuando estamos tumbados en pleno apoyo, si pisamos un bache, se vuelve más inestable de lo esperado, comportamiento típico de Vespa al que nos acostumbramos enseguida.  La frenada, excesiva para una moto que corre tan poco y con unas llantas de solo 10 pulgadas, nos aporta un plus de seguridad en la ciudad que permite hilar fino entre coches atascados. Como además el freno trasero continúa siendo de tambor, cuando llevamos rodando un rato ya somos capaces de realizar una frenada salvaje conjunta con los dos frenos simultáneamente y manteniendo la moto en su trayectoria y sin sustos.


La velocidad máxima que podemos alcanzar en llano es de 100 kilómetros por hora que, dependiendo de lo atascado de la ciudad donde vivas, puede ser mucho o poco, en cualquier caso su consumo es muy bajo y con los 5,5 litros de capacidad del depósito podremos recorrer alrededor de 200 kilómetros sin repostar, lo que no está nada mal.
Si los scooter automáticos de plástico no te convencen y buscas algo divertido de conducir y de mantenimiento casi nulo, no lo dudes, reserva tu “hierro” grande para las salidas por carretera y utiliza este otro “hierro” con un diseño  que tiene 60 años a sus espaldas para moverte por la ciudad, su precio: 2.750 euros.
Si estás interesado en el LML 125 de dos tiempos, su precio es de 100 euros menos y si buscas algo más de prestaciones el de 150 cc lo tienes por 100 euros más.

 

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