El ADN del cacahuete
A finales del mes pasado Harley Davidson presentó la última de las Sportster, la Forty-Eight. Una nueva personificación del conocido y popular modelo, con carácter retro y a la que sus diseñadores califican de matón de barrio, radical, pendenciera y muscular.

La nueva Sportster a la que han bautizado Forty-Eight (48) en conmemoración de la primera aparición en las motos de Milwaukee del famoso depósito de gasolina Peanut (cacahuete) que caracteriza a las Sportster. Un estilo de depósito que lució anteriormente la Harley-Davidson 125 “S” Ligera (foto superior) que Harley comenzara a fabricar en 1948 una vez terminada la Segunda Guerra Mundial para ofrecer un medio de transporte económico al público de la América de posguerra.
Curiosamente, el hoy afamado Peanut había hecho su debut al menos una década antes en Alemania. La S se construyó a partir del diseño y planos de la DKW 125 1. La fábrica alemana -la mayor productora del mundo de motocicletas en los ‘30- produjo para el ejército desde 1938 hasta 1945. Planos y derechos que Harley-Davidson adquirió con las partidas de Reparación o Compensación de Guerra impuestas por los Aliados a Alemania.
De la misma manera, a través de las Sanciones de Guerra, la DKW 125 fue el modelo en que se basó la BSA Bantam inglesa, alcanzó la U.R.S.S por la República Democrática Alemana para convertirse en la Moskva M1A y su influencia llegó hasta Japón donde Yamaha se estrenó en la fabricación de motocicletas con la YA-1 Libélula Roja (Red Dragonfly), la cual debe mucho, muchísimo a la vieja DKW.
Volviendo a las Sportster. Su precursora fue el Modelo K que fabricó H-D desde 1952 hasta 1956. Un diseño radicalmente diferente a las Harley de aquel tiempo. Más ligeras, con motor, transmisión y caja de cambios integrados, cilindradas de 750 y 885cc y una huella entre ruedas más corta para una conducción más vivaz y manejable. Fue diseñada para competir en el mercado doméstico y correr contra las ligeras, veloces y populares motocicletas europeas que copaban por entonces los puestos de cabeza en las carreras de pista, tierra y en las listas de récord de velocidad.
A la sombra del éxito de los Modelos K con el público y en las pistas, nacía en 1957 la Sportster. Heredaba su espíritu deportivo, el encofrado del motor y una mecánica basada en los diseños y avances introducidas en los Modelos K. También heredaba aquel depósito de la vieja DKW guerrera que había inspirado el de la 125 S, ligeramente transformado para hacerlo famoso, hoy quizá el perfil de depósito más reconocible e icónico de la casa.
Con esa peculiar sopa genética comenzó la evolución de la Sportster. Pasó por encarnaciones estilo Cafe Racer en las que el Peanut se alargó, adquirió paneles planos y líneas rectas, se convirtió en el diseño arquetípico de los 70, Sportster de 1000cc, carenado y colín de carreras. Creció y engordó en los 80 y 90. Con nuevos motores, el Evo, mayores cilindradas 883 y 1200cc, estéticas influenciadas por las populares chopper, custom y los gustos por el músculo mecánico americano. Como consecuencia se hicieron más pesadas, se cubrieron de cromados, fueron equipadas con sillines dobles, respaldos almohadillados, manillares altos en U, transmisión por correa y cajas de cambio de 5 velocidades. El nuevo milenio trajo inyecciones electrónicas y la modernización de todos los componentes. Finalmente, en los últimos años la Sportster ha mirado a su pasado, perdido peso y recobrado la agilidad de sus años mozos con modelos inspirados en algunas de sus personificaciones tempranas, manejables y corredoras: la Nightster y el Iron.
A ellas se suma la Forty-Eight en un diseño fiel a la idea que inspiró la Sportster. Aligerada, como una bobber, la ausencia de todo aquello que no es imprescindible dicta su estética y bien podría haberse llamado la Bobster. Llega con el depósito Peanut pequeño, de menos de ocho litros, con hombros altos y culo bajo como una flat-track racer, más para el sprint que para las largas distancias. Para redondear su aspecto retro y peleón, está equipada con ruedas de globo como las que llevaban las motos del final de los cuarenta. Tiene un sillín muy bajo, retrovisores que cuelgan por debajo del manillar, más negro y menos cromados.
Con esta configuración y los accesorios que la acompañan, Harley-Davidson parece ofrecer una Sportster con pedigrí genuino, una entrada asequible a lo más puro de la familia Harley. Sobria, la Forty-Eight es también un lienzo en blanco, una invitación para los aficionados al custom que quieren personalizar su hierro sin tener que abrir un garaje. Acerca de qué tal rodará, tengo tantas ganas como el que más de subirme en una y probar.
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