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Flying Sbay en Bonneville Salt Lake

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Selección española

Como en el fútbol, tenis, MotoGP, Moto2, 125, Fórmula 1, golf y otras disciplinas, España está que se sale en los diferentes campeonatos del Mundo. Eso mismo ocurre con el Mundial de Constructores de Motos Custom (AMD) donde Sergio Bayarri ha conseguido alcanzar la gloria con su Flying Sbay. Nos cuenta en primera persona su aventura particular, no tiene desperdicio.


Todo comenzó hace tres años. Cansado de ver las creaciones que se hacían con motores V-twin decidí romper los moldes y crear de cero la moto que siempre quise tener. Una streetfighter con motor V-twin acompañada de los mejores componentes del mercado.

 


El peso total de una moto es algo crítico. A la hora de hablar de las prestaciones de la misma todo está relacionado con su peso. La capacidad de frenada, su aceleración, su entrada en curva, su capacidad de recuperación, todo, absolutamente todo, está relacionado directamente con su relación peso/potencia. Esta fue la principal premisa a la hora de diseñar una moto partiendo de cero, ya sea para circuito o para ir a comprar el periódico los domingos por la mañana; una moto ligera y potente con buenos frenos y suspensiones es mucho más segura.



La Flying tiene un peso total lista para rodar de 198 kg y bajar un solo kilo más supone unos gastos extremadamente caros.
El diseño de la Flying comenzó en febrero de 2008 y llevó 12 meses de trabajo. En marzo de 2009 se inició su construcción y la moto fue presentada al público en enero 2010 en la Feria internacional de Verona, Italia.
La Flying fue presentada en los siguientes Bike Shows

  1. Verona Internatinal Bike Show: 1er puesto en Café Racer
  2. Llunatica Bike Show: Primer puesto en Freestyle y Best of Show
  3. Ace Café London: Segundo puesto en Freestyle
  4. Custom Chrome Show, Alemania: Primer puesto en categoría RevTech
  5. Hardy butts , Gerona: Segundo puesto en Freestyle
  6. AMD World Finals, Sturgis: Primer puesto en producción y Campeón del mundo



BONNEVILLE SALT FLATS, UTAH

El viaje a USA fue una odisea y tuvimos infinidad de problemas. Las motos fueron rechazadas por la aduana de Chicago al no tener los papeles de la EPA y vosotros pensaréis lo mismo que pensé yo cuando me lo comunicaron. ¿Qué cojones es la EPA? Pues la EPA es Enviromental Proteccion Agency o Agencia de Protección Medioambiental.

Pues ahí estaba yo, en las oficinas de las aduanas de Chicago con un montón de papeles que tenía que presentar y que tardaría meses en conseguir.
Al final, después de dos días de visitas y suplicar que me dejaran pasar las motos, el oficial encargado decidió abrir las cajas para ver las motos. Abrimos la caja de la Flying y fue verla y todo el papeleo desapareció; el oficial encargado se enamoró de la Flying y en 30 minutos tenía las motos despachadas. ¡Acojonante!
Las motos las ensamblamos en Chicago en un garaje de apenas cinco metros2 y tras 16 horas de coche llegamos a Sturgis.



Sturgis está completamente masificado. Hay Harleys por todas partes y el pueblo de Sturgis se transforma durante una semana y pasa a ser el pueblo Harley-Davidson. Cualquier pieza, moto o prenda de vestir relacionada con el mundo custom lo encontrarás en Sturgis. Todos los grandes estaban presentes (S&S, Victory, Harley-Davidson, Indian)  con inmensos camiones que convertían en impresionantes showrooms. Hay que resaltar que los precios eran disparatados. Los moteles subían los precios de 60 $ noche a 300 $ noche. Un hotdog 9 $, una cocacola 5 $ y así todo.
El AMD show estaba en Main Street y la afluencia de público fue masiva. Cinco días duro el show y cinco días estuvimos rodeados de Harleys. Una vez más la Flying obtuvo los mejores resultados posibles, ni más ni menos que Campeona del Mundo en su categoría.
Terminado el show cargamos las motos en nuestra furgo y pusimos rumbo a San Francisco, California.
En California visitamos a Arlen Ness, Cole Foster y Ray Abrhams. Descansamos y preparamos la Flying para su próxima aparición, ni más ni menos que el lago salado de Bonneville en el estado de Utah.



Todo lo que te han contado de Bonneville es poco. La inmensidad del lago, el tacto de la sal, el ambiente que se respira y saber que estas en el lugar donde se baten todos los récords del mundo de velocidad supera todas tus expectativas. Sin lugar a dudas fue la mejor experiencia de todo el viaje. Pero vayamos por partes.
Llegamos a Bonneville a las 6 de la mañana y ya teníamos una pequeña cola para ser admitidos. Después de presentar nuestras credenciales te mandan a los boxes que están a unos 6 kilómetros dentro del parque. La primera sensación que tienes es la de conducir sobre nieve: la sal se pega a los bajos de la furgoneta, y tienes la impresión de que cuando bajes la temperatura será de 0 grados.



Todo está perfectamente organizado. Los boxes son filas de coches que se aparcan en batería según van llegando. Todos los días a las 07h00 de la mañana hay un Riders Meeting en el que te informan del estado de la sal, las incidencias del día anterior y cualquier evento o cambios en la organización.
Todos los pilotos deben inscribirse. Simplemente rellena un informe médico, presenta tu carné de conducir y paga las cuotas (el importe varía de una categoría a otra, 250 $ a 800 $). Y ya está, no te piden nada más. Una vez inscrito tienes que pasar el segundo control, el de tu moto.



Si piensas por un momento que los inspectores no van a ver alguna chapuzilla que tienes en la moto y te van a dejar correr estás muy equivocado. Lo ven todo, seis personas revisan la moto completamente. Todo es por tu seguridad y la de los demás corredores. No pasamos el primer control por dos tonterías, que subsanamos y al fin nos pusieron los dos adhesivos que te abren las puertas de las pistas mas rápidas del mundo. Y como dicen en BonnevilleGo fast or go home
Con la inscripción y la inspección técnica superada ya solo queda una cosa, ponerte el traje de faena y a por todas.
Antes de llegar a cabeza de pista tienes que pasar por la gasolinera, en la que tienes dos opciones, 101 octanos o 110 octanos. Si vas detrás de un récord te sellaran el tanque de gasolina con un adhesivo.

De la gasolinera vamos a lo que llaman los yanquis Pre Stage. Esto es básicamente un pequeño filtro en el cual cada moto se coloca en la categoría que le corresponde (cuatro categorías). Aquí puedes estar 10 minutos o una hora, es como el dentista, nunca sabes cuándo te va a tocar. Los pilotos salen del Pre Stage en grupos de seis y se dirigen a cabeza de pista. Como rookie solo puedo correr en la pista de cinco millas pero empiezo a correr en la milla Uno. Te cronometran de la milla Tres a la Cuatro y tienes una milla para frenar.
Aquí la cosa se pone más tensa. Los pilotos van saliendo de uno en uno y puedes ver como se colocan en la pista esperando el banderazo. Es importante resaltar que en todo momento estás atendido por los innumerables voluntarios que visten camisetas rojas que no paran de preocuparse por tu salud, te ofrecen agua, te preguntan si te encuentras bien, te aseguran que no hay ninguna prisa, que te tomes tu tiempo, en fin, que te cuidan de verdad.
Y llegó la hora. De repente esos cuatro pilotos que tenías delante se han esfumado y hay un tipo gordo con una camisa roja haciéndote señas. ¿Es a mí? ¡Coño, si ahora me toca a mí!

El tipo te manda a cabeza de pista que está a unos escasos 100 metros donde te espera el comisario jefe. Una vez en cabeza de pista el comisario se acerca a tu cara y en voz alta te pregunta si te encuentras bien, si sabes exactamente lo que vas a hacer y te recuerda que sigas hasta el final de la pista antes de desviarte a la izquierda, siempre a la izquierda. Hay que resaltar que si te desvías a la derecha te cruzas con la pista de 15 kilómetros de longitud y lo mas probable sea que te pulverice una Hayabusa rodando a 350 km/h.
Cuando ha terminado de sermonearte pide confirmación por el walkie y te pide que le des la señal de ok y justo ante de salir me dijo algo que nunca se me olvidará: “Go fast son, the salt flats are yours” y te libera.

Todo está correcto, las marchas se van engranado y la moto no patina, el cuentarrevoluciones sube sin titubeos.
Segunda a fondo, tercera a fondo y sin problemas. Intentas acordarte de todos los consejos que te han dado durante dos días gente que ha corrido cientos de veces pero todo está bien, la moto ni vibra ni hace extraños. Cuarta marcha y veo pasar el cartel amarillo que te marca dos millas, la moto sigue subiendo de vueltas y todo va bien. Cuando llego a 5.900 vueltas cambio a quinta y la marcha no entra, lo intento varias veces y nada, no engrana así que paso a sexta. Las revoluciones caen a 3.500. Pico embrague y consigo que empiece a recuperar revoluciones pero la bandera verde de inicio de cronómetro (milla Tres) la tengo encima. Con el casco tocando en el chasis sigo acelerando, 4.200 rpm, 4.500 rpm y así hasta las 5.700. Tuve que cortar porque el final de pista estaba a la vista. Corto gas y la moto retiene una barbaridad. Sin tocar los frenos llego a final de pista, me desvío a la izquierda y sigo las líneas intermitentes dibujadas en la sal. Todas las líneas intermitentes te llevan a boxes.



La moto va de cojones, ningún movimiento extraño, nada de nada. ¡Un cacharro fenomenal!
Os preguntaréis por qué no volví a correr. La caja de cambios tenía un problema que no se podía solucionar sin repuestos y al día siguiente llovió y no se pudo correr. Nosotros teníamos que estar en Chicago el día uno de septiembre y además teníamos que desmontar las motos para embalarlas en sus cajas así que no teníamos más tiempo.
Resultado oficial de la Flying: 130,9 mph de media entre la milla Tres y Cuatro de la pista de la montaña. Velocidad máxima: 157,4 mph a 4,4 millas de la salida.
Lo más impresionante de todo no es la velocidad ni el bramido que emite el motor a 5.900 rpm. Lo más impresionante es que lo recuerdas todo como si hubiese pasado a cámara lenta y es por ello que dicen que tienes “Salt Fever”. Yo ya estoy contagiado y volveré el año que viene a correr.

Flying SBay
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