Bobber a empezar
La sorpresa que dio H-D al presentar este modelo fue enorme, la expectación por verla en vivo mayor aún, las ventas van como si fueran churros y nosotros nos preguntábamos: ¿será solo estética o tendrá algo más? Ya están aclaradas las dudas.

Cuando ves la 48 piensas en una moto sacada de cualquier garaje. No es el producto al que la Factory nos tiene acostumbrados. Parece una moto de encargo, rueda delantera gorda, tantas veces vista en transformaciones y el peanut como depósito de gasolina, hacen pensar eso. Es musculosa, pinta de macarra busca líos, pero también tiene un punto de elegancia que ya quisieran para sí otros modelos de la casa.
Cuando te sientas en su asiento monoplaza, te das cuenta de las intenciones de esta máquina. La postura es de tío que va de ligoteo por el bulevar de cualquier playa, pero cómoda como pocas. Los espejos colocados al revés están en la planta baja del manillar, son muy resultones y más efectivos de lo que piensas, pero necesitarás acostumbrarte, las primeras miradas van hacia arriba. El resto de mandos y el velocímetro están perfectamente colocados.
Los intermitentes delanteros anclados a las barras de la suspensión quedan fetén, por fin unas mandarinas bien colocadas. El asiento es chulo y cómodo, tacto agradable y estética muy conseguida. El depósito es perfecto, nos gusta más el naranja. La tipografía es de las que tendría que volver a utilizar H-D para todos sus productos. Los amortiguadores y la horquilla tan rebajados y esos dos neumáticos iguales, hacen de esta moto una bobber.
Cuando te pones en marcha comienzan las sensaciones; las sensaciones que pasan de yuyu continuo a un placer al alcance de pocos.
Al ser baja, muy baja y estrecha, muy estrecha, la sensación visual que transmite es de ligereza total, pero el mega balón delantero te da la sensación de querer tirarte a probar la dureza del asfalto. Esto que parece algo negativo se convierte en placer en cuanto ruedas unos kilómetros y te das cuenta de que esta moto entra y sale por donde tú le ordenes, pero con una condición: no quieras cambiarle lo marcado, no le molan nada las contraórdenes. Cuando has pillado este rollo de sumisión que tiene esta chica, comienzas a disfrutar de sus trayectorias por raíles, parece que eres el AVE hacia el infinito. No se mueve, te ofrece seguridad y sobre todo aplomo. Enlazar varias curvas a un ritmo realmente alto es fácil, no tendrás ningún problema; además con el potente motor 1200 y su poco peso total, hace que quieras salir de cada curva como si fueras Schwantz en el mundial del 93 con aquella 34 tan salvaje. Si no tienes el neumático trasero bien caliente podrás hacerlo sin problemas. Las frenadas las hace muy cortas, aunque el tacto sea un poco esponjoso, pero suficiente para esta moto; eso sí, la rueda trasera la puedes bloquear, así que ten cuidado si no quieres entrar en las curvas como si fueras un piloto de dirt-track.
Cuando sales de esa carretera que te lleva de tu casa al trabajo de la forma menos directa, pero más divertida y coges esa maldita autopista repleta de latas y otros especímenes, comienza otra diversión. Aquí es donde tienes que ir pendiente del velocímetro, porque llegas sin ningún tipo de esfuerzo al corte (lo hemos comprobado), jugándote los puntos de tu carné y seguramente de tu parienta/colega, porque con los tuyos no será suficientes. La moto es tan estable, tan ligera, tan ratonera, que te lo pasas muy bien.
Pero claro, todo lo que te hemos contado sólo vale durante 180 kilómetros, que es la autonomía de la 48, así que por lógica no es una moto para grandes desplazamientos, es una moto para la ciudad, para el día a día. Aunque en nuestra redacción podemos dar fe de como una jovenzuela asturiana viajaba en su 883 del 99 de Asturias a Cádiz en solo diez horas, haciendo que sus compañeros de viaje parasen cada 100 kilómetros para que ella repostara su peanut. Todo es proponértelo.
El hábitat natural de la 48 es la ciudad. Colarte entre los enlatados es facilísimo, ratonear más todavía, acelerar en los semáforos, cambiar de carril, frenar, aparcarla, es todo como si tuvieras la ciudad para ti. Sólo tienes que tener la precaución de estacionar sabiendo que puedes salir en el sentido de la marcha, porque si lo haces al revés, te va a costar un buen esfuerzo; aunque es pequeña, la parte delantera pesa más de lo que parece. Siempre que llegues con ella a cualquier lugar, serás el centro de atención; gusta tanto, que no pasa desapercibida a nadie. Vamos que para qué quieres un scooter.
Nos gusta, nos ha hecho disfrutar y nos hace felices saber que la MoCo está haciendo productos estéticamente casi perfectos y perfectos en cuanto a su conducción. Yo le pondría un par de peros, aunque solucionables fácilmente. El estético, los escapes, son los de siempre y aquí pegan unos escapes sin embellecedores, envueltos en cinta anticalórica, para darle más aspecto de pendenciera. Para solucionar el leve cabeceo delantero que provoca el mega neumático, un viejo sabio nos dijo que la solución es sustituir el aceite de las botellas delanteras que trae de serie por el Screamin’ Eagle que guarda la Factory para sus proyectos más exclusivos.
En esta prueba hemos estrenado el nuevo casco Lem, Roger Custom, comodísimo y seguro.
| Próximo > |
|---|









