Niños y motos
Un incidente que he vivido en fechas recientes me ha llevado ha plantearme un tema que os confieso, hasta ahora, siempre me había pasado desapercibido: los niños y las motos. Ya he comentado en otra ocasión cómo babeé durante semanas frente al escaparate de una tienda de coches que vendía una preciosa y primitiva Electra. Yo debía tener unos ocho o diez años y es seguro que aquella visión se quedó muy grabada en mi subconsciente.
Me encanta que los niños se acerquen a ver mi moto, la disfruten y la respeten –ya saben todos que los tubos de escape queman- y durante años, en el barrio me tocó pasear a toda la chiquillería que, atenta, dejaba de jugar cada vez que oían el sonido de mi motor recién arrancado. Lo hice con gusto y con un punto de inconsciencia puesto que allí no se ponía casco ni uno. Pero gracias a aquello, muchas de esas criaturas son hoy reputados biker.
La ley dice que no se autoriza a los menores de 12 años a montar en una moto. Creo recordar, si no lo han cambiado, que entre los siete y los doce, y si llegan a los reposapiés, su padre o madre pueden llevarlos al colegio, por supuesto con casco homologado de su tamaño.
Mi reciente movida vino por la petición de un padre para inscribir a su hijo en una concentración. Tras muchas discusiones, decidimos no admitirlo, contrariamente a lo que se hace en otras muchas reuniones, porque consideramos que aunque todos deseamos que nuestros cachorros mamen el espíritu que nos mueve, no es menos cierto que el entorno de nuestras fiestas con alcohol y tabaco de por medio, además de ilegal para ellos, no es el más conveniente para un menor.
Seguro que todos hemos visto en más de una ocasión a unos ‘locos bajitos’ corriendo por la concentración, con los ojos como platos frente al escenario durante el streat tease, soportando más decibelios de los que tocan para un peque y aspirando el humo de todo aquello que nos fumamos. Por no hablar del gracioso, que además, insiste en iniciarle en el consumo del alcohol, porque total, por un sorbito no pasa nada.
Si los progenitores son unos irresponsables, quizás debemos ser los organizadores los que impongamos cordura en este aspecto. Tengo dos hijas pequeñas, de las que estoy enamorado y orgulloso de que sepan que su padre no monta en moto, sino en Harley. Equipadas con cazadora y casco ya han disfrutado de sus primeras millas conmigo y buscaré cada momento para que aprendan a disfrutar de este maravilloso mundo. También estoy seguro de que les encantará la fiesta, pero os aseguro que no adelantaré el reloj antes de los 18 años para que vayan a ninguna. Entre otras cosas porque también me envejece a mí.
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