Cuestión de prioridades
Ante cualquier tesitura que nos pueda surgir siempre hay una prioridad: la moto. Cuando tienes la moto en el taller, todo se nubla, todo pierde el sentido, el orden es otro.
Que tienes que arreglarte la boca, primero la moto. Que tienes que pagar el apartamento con tu novia para las vacaciones, primero la moto. Que tienes que arreglar el calentador del agua, te duchas con fría. Que no tienes pasta para copas, en casa unas cervecitas.

Es que con la moto pierdes la razón, el norte y el resto de referencias magnéticas. ¿Será como estar enamorado? Dicen que el amor está compuesto de dos consonantes, dos vocales y dos gilipollas. Pues entonces no es amor, porque mi moto no es gilipollas.
Para eso estoy yo que saco de donde no hay para buscar unas piezas idóneas, una pintura adecuada, una potenciación noble, un asiento confortable…
Se convierte en obsesión, en necesidad primaria, en la meta. ¡Quiero mi moto ya! La espera es larga, muy larga. Te sientes incómodo al no disponer de tu vehículo. Hay alternativas como una moto de prensa que amablemente te prestan por una semana. Personalmente dispongo de otra moto para nunca quedarme de peatón. Ante todo dignidad.
El caso que me toca ahora mismo es una rotura del tren delantero, del tanque y manillar. Es lo que tiene un galletón frontal. Voy llamando a puertas diferentes para conseguir lo necesario: un colega dispone de una horquilla que está de dulce, otro se ha puesto en eBay en busca del depósito adecuado, otro dice que tiene un manillar que lo mismo me mola. Echando cuentas para subsanar el daño de Katalina (mi moto).
También es cierto que me rompí el hombro en la caída, pero eso duele menos, se cura con algo de reposo, paciencia y analgésicos (recetados o no). Cuestión de tiempo, que a la sazón coincide con el lapso en el que no puedes rodar. Todo encaja, mientras se suelda el húmero.
Todo este ‘amor’ a la moto no está considerado por las aseguradoras. Lo podríamos llamar el ‘Valor Pasional’ o el modo en que echas de menos tu moto en caso de percance. Te pagan la reparación, el transporte, la grúa, los daños materiales. Pero se dejan los daños ‘pasionales’.
Pero, claro, explícale a un perito que te pague 3.000 pavos por el mal rollo, o 5.600 por no poder ir con tus colegas a la concentración de Almedillas de la Solana. Cuestión de prioridades.
| < Prev | Próximo > |
|---|




