Con las botas puestas
LA BOTA: prenda imprescindible para cualquier motorista que se precie. Protege el pie, tobillo, espinillas (las de la cara, no), juanetes...
Las llevamos tipo ingeniero, tipo cow boy, hi tech, de cordones, militares, de caña alta, de baja, tacón cubano, tacón sólido y otras.
Evidentemente obviamos las que cuelgan de un bramante retorcido y portan vino.
El calzado es muy importante para cualquier actividad, y en la nuestra adquiere tintes de seguridad.
Pero hay un lugar donde la bota es un elemento hostil. El aeropuerto.
Debes quitártelas para pasar por un arco de seguridad. Ja. ¿Seguridad? Me meo.
¿Puedo ocultar en mis botas un proyectil tierra-aire? ¿Un explosivo? ¿Quizá una daga malaya?
Nada de eso. Piten o no piten en el arco de los cojones, debes quitarte las botas. Usan una caprichosa ley para fastidiarte y hacerte ir descalzo por un suelo frío, sucio y en público.
Y por ahí no paso. Bueno, sí que paso, pero paso de pasar. Me estoy liando. Cada vez que un ‘segurata’ -‘pintamonas’ sin autoridad en el aeropuerto- me insta a que me descalce, acudo a la Guardia Civil para que ellos me lo soliciten.
Tiene narices que ese cuerpo tan glorioso se dedique al tema de los tachines en un lugar lleno de gente con la tarjeta de embarque en la mano, lo metálico en la bandeja y el cabreo en la cara.
Es que no me gusta ir descalzo con calcetines. ¡Ante todo dignidad!
Cuando se presenta una oportunidad de visitar un templo budista, musulmán o hinduista, paso de entrar. Prefiero quedarme calzado en el exterior haciendo fotos de las palomas o de las fuentes de fantasía.
O cuando te plantas en casa de un colega cursi o escandinavo que te agradece que te descalces al entrar. No vuelvo.
Una clara solución a mis cabreos pre arco de los cojones es embutirse previamente unos calcetines con mensaje entre la punta y el empeine.
En el ejemplo que ilustra esta sección hemos preparado un simple “Que te den” pero cavilando podemos sacar otros buenos lemas para apoyar esta acción de protesta solidaria:
Algo sucio: Apestas, segurata.
Algo asqueroso: Queso curado.
Algo macarra: Me cago en tus muelas
Algo eterno: Tonto el que lo lea.
Algo peligroso: Alá es grande.
Moriremos con las botas puestas, excepto si te da un ‘siroco’ en el control de un aeropuerto, pero lucirás unos pies ilustrados en la morgue.
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