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OpiniON

Capítulo 2.C

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Sin rumbo

La vuelta no siempre es un rollo. Bueno… sí. Y con Phillip, una condena. Mosca cojonera. Para rematar, en la última salida de la autopista hacia España por Arán, se adelanta y se la pasa. Mecagonsusmuertos. 40 putos kilómetros más. Lo compensa en el camping pagando un bungalow. Tránsito y a recordar.

Vuelvo con casi tres mil kilómetros a la espalda, bueno al árbol. Merezco un descanso, pero no. Todos los días a todos lados. Me ha tocado el inquieto. Sólo me libro de las mudanzas.

Un nuevo adminículo se incorpora a mis cuartos traseros. Unas piezas que retrasan el anclaje de los amortiguadores. Lo pillo en Bonneville, una empresa especializada en esto del custom. Su dueño tiene una Hydra Glide del 63, podría ser mi abuela. De hecho la llaman ‘La Abuela’. Perteneció a su padre como único propietario. Coincidimos juntos en varios eventos televisivos, con una Derbi de Nieto. Recuerdo la salida de los estudios de Buñuel a todo rabo por Madrid, qué hija de puta ¡cómo anda!

Mr. Rabbits propone un viaje, tiene ganas. Es en noviembre, así que al sur, que hace mejor tiempo. Una inoportuna almorrana le impide acudir a la ruta. Lejos de anularlo se habla con Cascoscuro, un tipo que me conoció en Colón con la abolladura del lateral. Él puede y su moto, una Heritage Softail Classic del 92 también.

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No tenemos muy claro el camino y con esa ventaja todos son buenos. Salimos para cinco días. La carretera de los Pantanos es la elegida. Para cualquiera que no sea de Madrid le puede sonar a algo terrorífico, lleno de ciénagas, fuegos fatuos y liquen. Pues no, son curvitas entrelazadas que entre semana son entrañables; entre nosotros la M-501.

A la altura del pueblo de Lanzadita Cascoscuro se empareja y hace señas de parar. Se ha soltado un soporte de los cojones, de los amortiguadores coño. En un taller de Talbot el hombre más escueto del mundo nos cede la herramienta necesaria para reanudar la marcha. Un gato y llaves inglesas. Hubo que sacar la puta rueda, el puto escape, desmontar un lado y luego el otro. Montar y montar. Dos horitas y seguimos. Cuando arrancamos los dos Evo se acabó la risa floja cómplice.

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